Con el tiempo, los microbios se ponen más tristes. Si se topan con un microbio que les gusta (los ojos determinan qué color les gusta), se pondrán más felices. El microbio mismo elegirá un objetivo, y solo ese objetivo lo hará feliz. La alegría es fugaz; solo el primer choque con ese otro microbio tendrá algún efecto. Si se ponen lo suficientemente felices, alcanzan el nirvana y hacen que los microbios a su alrededor se alegren un poco mientras se mueven a un plano de existencia diferente.