Érase una vez, en una pequeña aldea del Norte, una hermosa pareja, Aeguilina e Ildorad, vivía su vida en paz y amor. El idílico entorno de la aldea contribuía cada día a su felicidad y llenaba sus vidas de alegría. Un día, se corrió un rumor: unas personas salvajes se estaban acercando a la aldea, quemando todo a su paso y matando a todos. Ildorad fue herido y Aeguilina fue hecha prisionera y enviada a Roma como trofeo de guerra. Como era una luchadora excepcional, eligió luchar en la Arena por su libertad.